Según el Consejo General de la Arquitectura Técnica de España (CGATE), el bienestar térmico es una de las 7 llaves para la obtención de un edificio saludable. La temperatura de confort desempeña un papel fundamental en la búsqueda de un hogar, en el que prime tanto la salud y el confort, como la sostenibilidad.

De acuerdo con el Instituto para la Diversificación y el Ahorro de la Energía (IDAE), la temperatura adecuada de una casa en invierno debe oscilar entre los 21º C y los 23º C durante el día y los 17º C de noche. Asimismo, esta temperatura debe ir acompañada de una humedad relativa que se sitúe en torno al 40%-50%.

Estos datos son orientativos, ya que la temperatura ideal también dependerá de factores como la humedad, la ventilación, el aislamiento, las actividades que se realicen en el espacio, el número de personas presentes y las necesidades individuales de cada persona.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce la importancia de esta temperatura de confort y proporciona directrices para promover condiciones saludables en interiores. Pero esta cifra no sólo afecta a nuestro bienestar físico y emocional, también ayuda al ahorro de energía y a la disminución de emisiones contaminantes. Independientemente de la estación, contar con una temperatura adecuada en nuestros espacios habitables es fundamental para la mejora de nuestra calidad de vida.

Pero, en el caso de tener calefacción central y caldera comunitaria, ¿cómo podemos regular esta temperatura de confort en nuestros hogares? ISTA recuerda que, junto a los repartidores de costes de calefacción, deben instalarse válvulas termostáticas que son las soluciones más idóneas para gestionar el consumo de cada vivienda y lograr la temperatura de confort óptima en nuestros hogares, que nos permitirá ahorrar en costes, energía y reducir la contaminación.

Así lo establece también el Real Decreto que regula la contabilización de consumos individuales en las instalaciones térmicas de edificios y, particularmente, en comunidades de propietarios con sistemas de calefacción y refrigeración centralizada, aprobado en agosto de 2020. Esta normativa determina que cada vivienda deberá disponer de algún tipo de regulación que le permita controlar su propio consumo. La tipología de este sistema de regulación (válvulas de radiador manuales o termostáticas, termostatos, etc.) no se define, de modo que el titular de cada vivienda puede elegir qué tipo de regulación quiere instalar.

Las válvulas termostáticas se instalan en los radiadores y nos permiten controlar la temperatura de cada habitación de forma independiente. Al ser posible ajustar la temperatura en cada espacio según su uso y preferencias, se evita el desperdicio de energía y se consigue una temperatura de confort según la función y el aforo del espacio. Estos dispositivos también contribuyen a mantener una temperatura uniforme y agradable en todo el hogar.

Gracias tanto a los repartidores de costes, como a las válvulas termostáticas, se fomenta el uso responsable de la energía, ya que cada residente es consciente de su consumo y puede ajustar su temperatura según sus necesidades.

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